Marek, espíritu aventurero que goza de explorar la naturaleza lleva muchos años escalando en roca así que la navidad pasada decidimos regalarle a nuestra hija mayor su equipo para escalar. Las niñas tienen a flor de piel la parte aventurera y salvaje de su papá y me encanta que se sientan tan libres!

Esta mañana nos espera una nueva aventura en el bosque. Las pequeñas y yo hacemos el picnic mientras la mayor prepara con ayuda de su papá el equipo de escalar, la emoción se siente en el aire.

Después de una amena caminata llegamos al bosque de los Pinos, el fragante olor de los árboles nos invitan a inhalar más profundamente, aire puro y de montaña. Hemos venido aquí incontables veces y conforme los años pasan los juegos y aventuras que este bello lugar nos ofrecen van cambiando.

Mientras Marek y Frida sacan y preparan el equipo para escalar, yo me siento y disfruto una taza de café y los observo a todos. Papá e hija mayor trabajando juntos, compartiendo y fortaleciendo su lazo.

Pony trajo cargando su muñeca y su mochila con hojas y lápices para dibujar. Han se sienta a mi lado emocionada de ver a su hermana.

Qué tantos riesgos permitimos que nuestros hijos tomen? Trepar árboles, escalar rocas y caminar descalza no fueron parte de mi lista de actividades en mi infancia. Pero ahora observo a mis hijas jugando descalzas en el bosque, escalando rocas y aprendiendo a trepar árboles y cambie el  “No, eso es peligroso”, por, “Pon toda tu atención, y si necesitas ayuda estoy cerca.” Y mientras termino mi taza de café, miro la cara de felicidad de mi hija de llegar a la punta de esa pequeña roca y me agradezco el permitirle tomar riesgos.

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